jeudi 4 juin 2026

Du mont Ventoux au mont Fuji Rapprochements inédits. Louise Cara, peintre.

 



En días pasados entré en el edificio que fuera la iglesia de los Celestinos, en la aviñonesa Place des Corps-Saints para ver la exposición “Du mont Ventoux au mont Fuji Rapprochements inédits” de la pintora Louise Cara. Entré motivado por los dos montes, y porque me resulta fantástico apreciar obras de artistas entre los muros de la otrora iglesia, hecho que da vida al patrimonio, y que yo aplaudo. Leer la “prière” de Louise Cara empuja a sentirnos gigantes como los dos montes, entonces comenzó mi deambulación por la iglesia. Fui escalando uno y otro, transpiré haciendo ese tramo abrupto que va del puerto de las Tempestades a la cima del Ventoux. Lo vi al amanecer desde la escotilla del avión en su descenso à Narita. Los vi envueltos en tinta japonesa imaginados por la artista. Misteriosos. Y el misterio se apoderó de mí, cuando la isla se me apareció como virgen negra entre los dos montes. Quedé hipnotizado.

La isla apagada. Negra como la tinta. Apagada.

Callada por el miedo a la oscuridad. Callada.

Callada por el miedo a ser golpeada por las olas, las olas
comiéndose sus orillas.

Oscuridad verde de marabuzales. Oscura.

Silencio negro de tomeguines. Silenciada.

Palmas despeinadas llorando lluvias. 

El diente de perro como esperanza loca. Desencantado.

Hombres y mujeres pariendo desencantos. Esperanzados.

Le di la espalda a la isla que no era más que el encanto tintado de uno de los montes delineados por la artista. Lloré avergonzado incapaz con tanta oscuridad de ver  mis modestos montes. Los de Louise Cara se apiadaron de mí, y me dieron la mano para mirar a uno y otro, eternizados para siempre. ©cAc-2026


mercredi 3 juin 2026

Ventoux contre Cancer 2026


Cyclistes, coureurs et promeneurs redonneront couleur et chaleur humaine au flanc sud du Ventoux le 5 septembre de cette année 2026. Au départ de l’ Hippodrome de Sault, traversant le vieux village et commençant l’ascension entre des champs consacrés à la culture de la lavande, les participants mettront toute leur force et tout leur cœur pour atteindre le sommet du géant escaladé par Pétrarque au XIVe siècle. Cette année, je rejoins le groupe de marcheurs afin de collecter  une cagnotte pour financer la recherche contre le cancer et améliorer les soins. La collecte est ouverte et je partage ma page personnelle pour soutenir Ventoux contre Cancer et collecter des fonds pour Provence Stomie Contact :

https://www.alvarum.com/carlosalbertocasanova

Merci de m'aider dans cette mobilisation solidaire, tant sous forme de don qu'en achetant mes livres, dont les
bénéfices s'ajoutent à la collecte.

Ventoux contre cancer 2026

Ciclistas, corredores y caminantes volverán a dar color y calor humano al flanco sur del Ventoux el 5 de septiembre de este año 2026. Con salida del Hipódromo de Sault, atravesando el viejo pueblo y comenzando la ascensión entre campos dedicados al cultivo de la lavanda, los participantes pondrán fuerza y corazón para llegar a la cima del gigante monte que fuera escalado por Petrarca en el siglo XIV. Este año, me uno al grupo de caminantes, que como los ciclistas y corredores apostamos por colectar y financiar la investigación y el mejoramiento de los cuidados para luchar contra el cáncer. La colecta está abierta y comparto mi página personal para sostener Ventoux contre Cancer y colectar fondos para Provence Stomie Contact:

https://www.alvarum.com/carlosalbertocasanova

Gracias por ayudarme en esta movilización solidaria, tanto en forma de donación como comprando mis libros, cuyos beneficios se agregan a la colecta.

vendredi 23 janvier 2026

Respondiendo a Bertha Caluff, que me preguntaba en noviembre pasado (2025), si “La vida húmeda” era un libro de poesía.

 

Cuando la editorial miamense Primigenios, publicó en el 2020 mi libro de relatos “La vida húmeda”, el escritor cubano radicado en España, Abel Germán, tuvo la gentileza de escribir la reseña que aparece en la contraportada. La misma reseña aparece en la segunda edición que publiqué independientemente bajo el sello Ceace de KDP Amazon. La reseña de Abel Germán responderá mejor que yo a tu pregunta:

“La angustia vuelve desnuda, mira la altura del plafón como si temiera volar e incrustarse, parpadea, pide sentarse y se queda dormida en el diván para escuchar el aletear sonoro del lamento y el correr tenue de dos lágrimas.” — Así, con esta poesía, comienza Carlos Alberto Casanova su libro “La vida húmeda”. Un libro que a veces conducirá al lector a un territorio que podría parecer "costumbrista", pero no lo es. En otras, como en "Camino de vuelta", lo sorprenderá por su sutileza. Esa voz ronca y malintencionada que al final de “El cumpleaños de papá” interrumpe al personaje,  suena como el eco de algo tremendo. O sea, no es eso; lo importante está en otro sitio, ahí solo escuchamos (leemos) la consecuencia de ese algo que, a su vez, producirá otras consecuencias. Algo que intuimos enorme e inquietante. Sin embargo, incluso allí donde es más políticamente explícito, el autor sortea ese exceso que  exhibe buena parte de la literatura cubana actual, a veces de modo casi histérico. Solo apunta como de pasada y porque no puede soslayarse. Deja, por así decirlo, que la gravedad actúe. Y casi siempre todo ocurre con un trasfondo (misterioso) de gran belleza; un trasfondo onírico en el que, como en todo sueño, puede ocurrir cualquier cosa. Y hay mucha poesía en eso. Una poesía que ilumina y que tiene poco o nada que ver con el llamado "realismo mágico". Es simplemente la magia per se de estos relatos. Asimismo, el lector se adentrará en paisajes muy reales, con mucha vida y mucha verdad. Disfrutará de descripciones tan precisas que, a veces —como suele decirse—, cortan el aliento. Un ejemplo: El cielo se descomponía sin romperse vomitando piedras y nubes acartonadas. Cirros sin valentía, decían los más viejos. Y, por último, hallará algún relato que, como "El sueño desorientado", es en efecto un sueño. Lo podrá leer, me parece, también como poema. Y —lo lea de un modo o de otro—, sentirá una nostalgia muy elaborada, nada llorona y de sabor muy fuerte. ¿A qué? No sé. Y ese no saber es lo mejor.

ABEL GERMÁN

España, julio de 2020

dimanche 30 novembre 2025

La vida húmeda en Feria del Libro Guadalajara 2025


 

Los escritores vuelven a sus refugios…

 


Mucho tendría que comentar sobre la provenzal Aix, vecina de la cosmopolita Marsella y a veinte minutos de Aviñón. Aristocrática, burguesa, cultural y estudiantil. Lugar de nacimiento y muerte de Cézanne, y arropada por la abrupta Sainte-Victoire. Aunque ha transcurrido una semana del terminado 3er Festival de Escritores Hispánicos (organizado por la asociación La Noria), es hoy, domingo novembrino, frío y salpicado de una llovizna húmeda, que la memoria me hace recordar los intensos cuatro días de actividades y que reviso ciertos apuntes tomados durante el evento. La infatigable Andrée Guigue nos unió amistosamente desde la llegada de los participantes. Volví a encontrar a mis coterráneos Mirka Reyes y Joel Franz Rosell, a Francisco Javier Pérez, a José Manuel Fajardo, a David Toscana y su compañera Sarah; y conocer ésta vez a Ernesto Pérez Zúñiga, a Blanca Riestra, a Ángel Morales y a Eduardo Uribe. España, México, Venezuela y Cuba en las seis mesas redondas a las que asistieron estudiantes de la facultad de Letras de la universidad y los miembros de la asociación. Guardo los apuntes de lo expresado por mis compañeros, como clases magistrales, que fuera sobre la necesaria traducción, por traductores o por nosotros mismos; o en la que intentamos descubrir para quiénes uno escribe, o bien la interesante mesa donde se abordó la relación y las influencias recíprocas entre la literatura francesa y la hispánica. Tema actual y que por su urgencia fue bien discutido, la literatura y el medio ambiente. También actual y controvertido, la inteligencia artificial (IA) generativa, de instrumento aceptable a competidor desleal, una mesa que permitió entender el equilibrio entre la herramienta que ayuda a crear, y que puede convertirse en una amenaza sutil. Y aunque somos grandes, casi viejos, escuchar a los autores de literatura infantil, nos llevó atrás, a cuando éramos niños, cuando cazábamos lagartos y mariposas en los patios y solares yermos que nos vieron crecer. Terminó el evento, y como mis compañeros, volví a mi refugio provenzal, satisfecho de lo que viví y de lo que aprendí. Gracias nuevamente, a Andrée Guigue, a La Noria y sus miembros, y también a los escritores invitados al festival. ©cAc-2025

vendredi 15 août 2025

Libro digital de la AALIJ en memoria a Luis Cabrera Delgado. Compilación de Marcelo Bianchi Bustos

 

En abril de este año 2025, falleció el escritor cubano Luis Cabrera Delgado. La Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil quiso rendir homenaje a Luis, y convocó a lectores, escritores, académicos y amigos a escribir ensayos, notas, textos poéticos y recuerdos sobre la vida del ilustre jarahuecano. Habiendo conocido y mantenido una cordial amistad con Luis, me uní a la petición de la dicha academia, cursada por su presidente, el Dr. Marcelo Bianchi Bustos, y le envié el texto que a continuación tengo el placer de compartir, y que aparece en la edición digital, tomo XXII “A Luis Cabrera Delgado in memoriam”.

 Recordando a Luis Cabrera Delgado

Corría el año 1976 cuando conocí a Luis Cabrera. Luis, con la frescura de sus 31 años, vestía la bata blanca de médico y yo, al igual que Efigenia y Enrietta, vestíamos el uniforme azul prusia y azul cielo de estudiantes de la Escuela Vocacional. Luis estaba en su consulta de psicólogo del Hospital Infantil de Santa Clara, y allí llegamos buscando a la madre de Efigenia, que dirigía un departamento administrativo del hospital. Elisa no tardó en presentar a Enrietta y a mí, al galeno que nos miraba sorprendido, cuando supo que estábamos escapados de la Escuela, y que habíamos llegado al hospital en la guagua que trasportaba a los estudiantes con turnos médicos por los hospitales y policlínicos de la ciudad. Luis se interesó por aquella escapada y nos hizo mil preguntas que nosotros respondimos con la inocencia de nuestros catorce años. Antes de salir de la consulta del psicólogo infantil, Elisa me puso un brazo sobre los hombros y le dijo a Luis “y a este Casanova, le gusta escribir”. Fue así como supo Luis que yo escribía. Tardamos un momento más en la consulta, Luis interesado en saber lo que yo escribía. Poesía, le dije, y me gusta también escribir composiciones, agregué. Las composiciones, que fueron el fuerte y mi predilección en los dos últimos años de la escuela primaria, me habían hecho ganar un concurso nacional convocado por el semanario “Pionero”, dos años antes. Todo aquello que le conté en un dos por tres a Luis, le interesó sobremanera. Aquella tarde me fui de la consulta con un “turno médico” que tendría lugar al cabo de dos semanas. Fue así como el Licenciado Luis Cabrera y yo, comenzamos una amistad que duraría años, interrumpida de cuando en cuando por mis frecuentes “huidas” o mudanzas fuera de Santa Clara.

Entre nuestro primer encuentro en 1976 y hasta 1978, año en el que dejé Santa Clara por La Habana, vi a Luis con frecuencia, unas veces en su consulta, otras en la biblioteca Martí. Leyó mis composiciones, mis poemas juveniles y aquellos que yo había clasificado como “poesía para niños”, y que no siempre fueron del gusto del psicólogo y escritor. “La poesía para niños no se te da bien, le falta suavidad, eres brusco, tienes que trabajarla mucho, leerla, releerla, y vestirla de pantalones cortos y trenzas”. Una sola poesía entre todas aquellas que llenaban una libreta escolar, le llamó la atención, y me sugirió trabajarla, “darle vueltas hasta el cansancio”. Luis era alguien que sabía criticar sin atropellos ni desprecios. Y su manera de enseñar, -creo que en esos encuentros siempre aprendí mucho-, me ayudó de cierta manera a tomarle gusto a la enseñanza.

En 1982, con veinte años cumplidos, y sin haber abandonado mi “oficio” de escribidor, volví a mi Santa Clara natal. Allí estaba Luis. Siempre humanista y mucho más que psicólogo. Y volvimos a encontrarnos. Para entonces, Santa Clara bullía, se sacudía un poco de su letargo de capital provincial, ciudad con vocación estudiantil y una energía juvenil que emanaba de su Universidad Central, ciudad llena de artistas y creadores. Yo comencé a asistir a los talleres literarios. Me viene a la memoria aquella mesa larga en un local que otrora fuera el Banco Núñez, en los bajos de la también desaparecida Cámara de Comercio. Recuerdo a Luis sentado en un extremo de la mesa, y recuerdo al también escritor santaclareño, Félix Luis Viera, y a Joel Franz Rosell, y a todas aquellas muchachas y muchachos que asistíamos a los talleres, para leer lo que escribíamos, para discutir, para criticar, unas veces con malas y otras con buenas intenciones. A Luis nunca le faltaron, con su manera suave y sabia de hablar, las buenas intenciones. Luis era un caballero con su arma presta a contribuir, la palabra. En los umbrales de la década del 1980, la actividad cultural en Santa Clara era inmensa. Luis presidía la Sección de Literatura de la Brigada Hermanos Saíz, a la que casi todos habíamos adherido, luego fue su vicepresidente en la provincia, y cuando posteriormente asumió la presidencia de la brigada, y que yo asumía un cargo, no recuerdo si Organización o Divulgación, o los dos en periodos diferentes, mantuve una estrecha relación con Luis.

Y fue a Luis Cabrera a quien me confié cuando pensé presentar un poema mío en el Encuentro de Talleres Literarios de 1985. Yo me había obsesionado con aquel poema que adolescente le había mostrado, y que él me sugirió que “trabajara”, que “le diera vueltas hasta el cansancio”. Parece que aquel poema quiso como un potro, cabalgar en busca de nuevos caminos, y cabalgando llegó al Encuentro Nacional, siempre con el visto bueno de mi amigo Luis Cabrera, Encuentro en el cual participó como jurado, junto a la ensayista y escritora Nidia Fajardo Ledea y otras figuras del mundo cultural y literario de la isla. El año 1985 fue un año golpeado por el huracán Kate, que con sus lluvias y vientos perturbó la realización del Encuentro. Mi memoria se opaca con el tiempo y veo a Luis en los trajines que conlleva un evento. Lo veo multiplicado, en La Habana, en Sagua la Grande visitando la casa del pintor cubano Wilfredo Lam junto con Nidia Fajardo y la profesora universitaria e investigadora Carmen Sotolongo Valiño; en los pasillos del Hotel Hanabanilla, en pleno Escambray donde debían reunirse todos los talleristas, y veo a todo ese grupo de consagrados, de profesores, de jóvenes creadores y gérmenes de escritores que irían siguiendo los pasos del psicólogo escritor, del periodista, del guionista radial, del editor, del laureado que siempre humilde subía en ascenso y entraba por la puerta grande de la literatura, y sobre todo por su rol y contribución a la transformación de la literatura juvenil cubana a partir de 1990.

Mis años habaneros en la segunda mitad de la década de 1980 y mi instalación definitiva en Europa a inicios de la década del 90 me alejaron de Santa Clara, pero a la cual volvía con cierta frecuencia desde La Habana, y espaciadamente cuando el Atlántico se puso de por medio entre el viejo continente y mi calurosa isla caribeña. Los encuentros con Luis se espaciaron, y el azar nos regalaba momentos ínfimos antes del comienzo de una presentación en el teatro, o las veces que nos tropezamos en la librería Pepe Medina en busca de alguna novedad, o publicaciones de la Editorial Capiro, de la cual fue editor.

Los últimos encuentros, cuando por casualidad pasaba yo frente a su casa en la calle Colón de Santa Clara, y con la velocidad de un relámpago nos dábamos nuevas de uno y del otro, Luis sentado en la puerta de su casa, acompañado de su compañero de muchos años, yo sin bajarme de la bicicleta. Nunca faltaba el espacio familiar, él evocaba a sus hijos, Ra y Sinuhe, yo le contaba de mis devaneos literarios primero arropado por el Sena y luego por el Mont Ventoux. La última vez que hablamos le dije, “te acuerdas Luis cuando escribiste en el periódico Vanguardia un artículo proponiendo cambiarle el nombre a la Sala Real del Teatro La Caridad y yo te expliqué mi desacuerdo, y te dije, ¿te imaginas si yo escribiera en mi blog un artículo proponiendo cambiarle el nombre a Jarahueca?”, y estalló en risa, y no se acordaba del susodicho artículo en el periódico provincial. Fue la última vez que nos vimos personalmente.

Luis sigue presente en mi biblioteca del sur de Francia, a donde me traje todos sus libros publicados por la Editorial Capiro en la década del 1990, y los publicados por Gente Nueva y Unión.

Luis estaba enfermo, nunca le pregunté al respecto, aunque sabía que su enfermedad era incurable. Las publicaciones en su página de Facebook eran como un anuncio de la vitalidad literaria de Luis. A los posts titulados Memorándum no presté mucha atención, pero las tribulaciones de Patria, Jarahueca y el futuro luminoso, así como Yoyito en la Red, eran como un saludo de Luis a todos los que lo conocimos, y una manera de decirnos que escribir es una enfermedad incurable, ajena a cualquier otra.

Foto de familia, la novela que publicó Letras Cubanas en el 2003, es el último libro que compré de Luis. Lo encontré hurgando en los anaqueles polvorientos de la Pepe Medina, mientras afuera el sol quemaba y un aguacero golpeaba los adoquines frente a la librería. No lo he leído, pero está ahí, esperando que lo haga, para entonces decirle a Luis, gracias, amigo y maestro.

Carlos Alberto Casanova (Santa Clara, Cuba, 1962). Profesor de Economía y de Historia mientras vivió en Cuba. Grado de doctor en Geografía, Urbanismo y Ordenamiento del territorio por la universidad Paris III-Sorbonne Nouvelle. Autor de varios cuadernos de poesía (Espacio para pensar en gris, Un hombre parecido al mañana (Ed. Dos Islas, 2022), entre otros. Autor igualmente de La vida húmeda (Primigenios, 2020), y Barrancos de Nostalgia, y Geografía íntima de un Trópico (Ceace, 2022 y 2024). Actualmente vive en el sur de Francia.

jeudi 6 mars 2025

Nota preliminar para una poesía intimista (por José Hugo Fernandez)

 


Serenos desgarros van marcando el tránsito de todas las piezas en “Mañana antes del alba”, un nuevo libro con el que Carlos Alberto Casanova persevera en su estilo de poetizar mediante descripciones sucintas de escenas, remembranzas, discurrimientos que en definitiva parecen destinados a prefigurar el paisaje interior del autor, en tanto versificador de emociones y estados del alma.

Desde tal presunción, podría afirmarse que el poemario procede como una especie de dietario. Pero su arquitectura descriptiva, más que para recrear los sitios y sucesos que rodean al poeta y en los que él fija la mirada, ha sido dispuesta en función del movimiento y de las evoluciones de su personalísimo yo interior. Yo sueño/cuando al pasar, miro alelado/ los tallos secos crujientes/ símbolos de un pasado que volverá /cada vez, pétalos blancos, radiantes. / Misterio de la simplicidad… Es la refrendación de una actitud anímica que, si bien nos da cuenta de lo transcurrido, lo hace sólo para refocilarse en el transcurrir mismo como objeto de experiencia sensible.

No en balde la melancolía es aquí una constante notoria. Sostiene la física interna del poemario, establece las reverberaciones tonales de cada composición, y aun de cada verso, determina la coherencia general afincada en el recurso de expresar mucho con pocas palabras. Dios me miraba/asustado por la ausencia/de ángeles sobre mi cuerpo… Es poesía intimista en la cual lo simbólico se anticipa a lo alegórico, mientras la elegancia señorea a través de imágenes tenues y despejadas.

Me parece obvio que aquí Carlos Alberto Casanova no pretende contar algo en concreto, o razonar en torno a temas que se conectan con las circunstancias de su vida actual o pasada. Sencillamente se detuvo al borde de sí mismo para observar cómo discurrían sus pulsiones internas. Sin buscar inferencias ni aleccionamientos. Sólo por dar cauce al fluir de sus nostalgias. Ello, más el acierto de conseguirlo mediante versos de refinada factura, pulcros, sutiles, a la vez que muy cuidadosamente elaborados, coronan la singularidad de “Mañana antes del alba”.   

José Hugo Fernández, Miami, enero de 2025.


mercredi 4 septembre 2024

Ma rentrée littéraire




Le mois d’Août vient de finir, caniculaire et sportif; septembre, également chaud, débute littéraire. KDP Amazon vient de publier « Demain avant l’aube », un recueil qui ressemble les poèmes écrits quand le jour se lève et l’aurore me pousse à scruter l’Est enveloppé de veines noirâtres bleus rose pâle mauve orange, la nuit fuyant vers d’autres contrées. Poésie intime, tendre, parfois mordant, écrite dans la solitude qui précède le levé du soleil.  Le recueil exprime les différentes pensées qui traversent l’esprit d’un être humain, annonçant l’envie de vivre, observant la nature, les animaux, entrelaçant les émotions et les sentiments, la peur, les songes, la mélancolie, l’amour, le temps, la mort inéluctable. La note préliminaire de mon premier livre en français a été écrite par un ami et compatriote, l’universitaire, écrivain et journaliste, Jacobo Machover.

Mi “rentrée” literaria

 

Agosto terminó deportivo y septiembre debuta literario. Amazon acaba de poner en venta “Demain avant l’aube”, un cuaderno que reúne poemas escritos cuando comienza a clarear y la aurora me empuja a mirar al Este envuelto en negriazules rosa viejo y malva naranja, la noche huyendo para dar paso al día. Poesía íntima, tierna, a veces mordaz, escrita durante ese momento solitario que antecede a la salida del sol. El poemario expresa los disímiles pensamientos que surcan el espíritu de un ser humano, anunciando el deseo de vivir, observando la naturaleza, los animales, entrelazando las emociones, los sentimientos, el miedo, los sueños, la melancolía, el amor, el tiempo, la muerte inevitable. A manera de preámbulo, una nota preliminar escrita gentilmente por un amigo y coterráneo, el escritor y periodista cubano, Jacobo Machover.