dimanche 19 septembre 2021

La aventura bávara



Cuatro cientos treinta kilómetros por el sur de Baviera siguiendo el panorama alpino sin interrupción, bordeando lagos idílicos, espesuras boscosas, pueblos llenos de encanto y castillos colgados en flancos como en los cuentos de hadas. Así envueltos en el imaginario bávaro y en la realidad cotidiana del más grande estado federado de Alemania, pedaleamos el lieutenant EW y yo, cAc, el capitán del equipo, desde el lago de Constanza hasta el lago Königs. Los apuntes escritos al final de cada jornada, salvo aquellas jornadas en las que las cervezas impidieron activar la memoria, se convirtieron al cabo del tiempo en crónicas que alimentaron mi bitácora virtual, y las crónicas compiladas, en el libro que les presento hoy y que desde hace una semana Amazon lo tiene en sus estantes, listo para llegar a los apasionados de la aventura en bicicleta: La aventura bávara. Las regalías por derechos de autor que propicien la venta del libro, como los otros libros de la serie Caminos en bicicleta, van destinadas a la lucha contra el cáncer. Gracias por adelantado. Como expresara Séneca, “no hay camino que no tenga fin”, y éste camino por Baviera comienza en Lindau, y termina en Schönau am Königssee. Buena lectura hasta el final! ©cAc-2021

mercredi 8 septembre 2021

La Maison Leonard du Ventoux à Sault


Une escapade de fin de semaine mérite un endroit où l’on puisse oublier le quotidien. Sault, au pied du Mont Ventoux, entouré des champs vallonnés teintés de la couleur de la lavande, peut combler les désirs des voyageurs voulant découvrir un paysage surprenant. L’escapade mérite également un havre de paix, et pour ce repos, s’installer au N°1 de la Rue Grande est le choix le plus judicieux si l’on décide de dormir à Sault. Belle demeure provençale, la Maison Leonard du Ventoux, est une ancienne maison de maître. Elle a été très joliment restaurée en respectant l’esprit provençal des lieux, chaque détail a été pensé. Elle offre une vue majestueuse sur les monts alentour. Tout y est calme, serein, et l’accueil de Valérie est parfait. ©cAc-2021

www.maisonleonardduventoux.com

lundi 6 septembre 2021

Instantáneas temporales

La víspera del ascenso, los lloviznasos se sucedieron en el trayecto a Sault. En Sault nos recibió una tímida llovizna que no impidió que nos instaláramos en La Maison Leonard de la Rue Grande ( www.maisonleonardduventoux.com ) En la tarde noche, un aguacero inesperado mojó los techos de Sault y ya era medianoche cuando el cielo se desvistió de nubes y puso a lucir sus estrellas. Signo de un amanecer húmedo pero sin amenaza de agua. Temprano, el sol amarilló los montes, se distinguieron los flancos de lavandas dormidas y mientras en la cima del Ventoux se apreciaban los caprichos del viento empujando cirros, el sol persistía en Sault, la lluvia mojaba a los ciclistas, corredores y caminantes en la pendiente que lleva al chalet Reynard, dejaba de llover dos kilómetros más arriba y en la cumbre, un aire gélido abrazaba a los presentes. Ventanas de claridad. Paletazo gris de una nube estacionaria, bruma, luz intensa entre dos chubascos caídos sobre los flancos que se estiran buscando el pueblito de Bédoin. En el cielo un águila culebrera volaba sorprendida de ver tanta gente asomada en los balcones naturales del monte queriendo tocar el cielo. ©cAc-2021

samedi 4 septembre 2021

Instantáneas…

 

…de la llegada a la  cima de algunos ciclistas y corredores.

Los benévolos del evento (les signaleurs)

Cuando el último de los participantes en la categoría “caminadores”  pasó frente al puesto N°7 en la D164, a la salida de Sault en dirección al Mont Ventoux, los benévolos encargados de distribuir las botellas de agua, barras de cereales energéticas y platanitos de frutas, fueron encaminados a los cinco puestos de distribución, ubicados entre la salida de Sault y la cima del Mont Ventoux. Fue entonces, una vez los participantes pedaleando, corriendo y caminando, que los benévolos encargados de regular el tráfico nos trasladamos a la cima para esperar la llegada de los primeros corajudos, y también la llegada de los últimos, que no por últimos fueron menos corajudos. ©cAc-2021



La primera hora del evento VcC (Ventoux contre Cancer)



Las tenues sombras del alba fueron desapareciendo y la claridad dejó ver el ajetreo de los organizadores del evento, poniendo orden a las tareas de los equipos. Las tiendas de campaña blancas ya estaban levantadas, y una de ellas hacía el placer de todos, la que hacía de desayunador, donde el café se ofrecía como segundo despertador del amanecer. Los benévolos del evento, convertidos en agentes de la circulación (signaleurs), a las 07h15 se ubicaron rápidamente en los siete sitios a regular, mientras los organizadores, los benévolos encargados de la distribución de vituallas y los participantes, se concentraron antes del “départ” para escuchar las emotivas palabras del alcalde de Sault y del presidente de la asociación. Emotivas porque todas las personas reunidas, de una u otra forma estaban concernidas con el maligno flagelo. Hubo un minuto de silencio por todos y para todos, por los que dijeron adiós un día, y por los que siguen luchando para frenar, combatir, curar o curarse. A las ocho de la mañana, y cada tres minutos, comenzó el “départ”, escalonado en pequeños grupos de unas 25 personas y siguiendo las categorías de participantes: primero los ciclistas en bicicletas eléctricas, luego los ciclistas en bicicletas de carrera, después los corredores y por último, los caminadores. ©cAc-2021
Bicicletas eléctricas
Bicicletas de carrera
Bicicletas de carrera
Corredores
Caminantes

Sault, al alba


Nos sorprendió tanta tristeza, las calles vacías, los comercios cerrados, los dependientes de cafés sin muchos deseos de servir, o lo que es lo mismo, sin deseos de trabajar un viernes pasadas las cuatro de la tarde. Por suerte el templo del turrón, que es la Confiserie André Boyer, estaba abierto y nos deleitamos con sus macarons provenzales, una delicia a la que agregamos croquants, y turrón blanco. La tarde-noche en Sault no cambió mucho. La lluvia danzó toda la noche sobre los adoquines de la rue de la Porte Royale. Notre-Dame de la Tour se encargó de sincronizar el sueño a ritmo de campanadas horarias. Con el alba emancipada y el cielo queriendo clarear temprano, llegamos al hipódromo de Sault, sitio de encuentro de los organizadores del evento Ventoux Contre Cancer, con los participantes y benévolos  de la manifestación solidaria. ©cA
c-2021

vendredi 3 septembre 2021

En dirección de Sault, a los pies del Mont Ventoux…


…ruta agrisada por la lluvia, cortina de agua impidiendo ver el monte, Carpentras obligados de atravesarla para encontrar la carretera en dirección a Sault. Tristes y mojados, Mazan, Mormoiron y Villes-sur-Auzon, a la derecha la ruta Gorges de la Nesque, pero nosotros seguimos rectos en busca del Pays de Sault, con sus flancos que serán pura lavanda la próxima primavera. La lluvia convertida en llovizna, y la llovizna en impertinente cernido hasta que paramos en Sault, a la sombra de un platane, y al lado de un poilu, esculpido en piedra calcárea, la piedra enmohecida por la humedad. Sault, parece detenido en el tiempo, sobre todo si se entra por curiosidad a la iglesia Notre-Dame de la Tour. ©cAc-2021

jeudi 2 septembre 2021

Yolanda & Vidal

Yolanda y Vidal nos tienen acostumbrados a sus visitas familiares, que fuera Paris el centro de interés, una escapada a La Ciotat donde el Mediterráneo tiene calas sorprendentes, una caminata entre los viñedos de Saint-Roch, o una estancia en nuestro pueblo a orillas del Ródano. Impensable estar en el sur, tener el Mont Ventoux casi cogido con la mano, y no llenarse de coraje para subirlo apenas comenzado un nuevo Año, el pasado, ese que nos ha desequilibrado e inoculado la incertidumbre de un futuro normal, normalizado, sin mascarillas ni miedos. El cuarto día del inofensivo enero, y reservada de antemano, una mesa en el chalet Reynard, nos preparamos para una vez más disfrutar de la altitud montañera, habiendo zigzagueado antes por la ruta gargantuesca del Nesque. El invierno en la región no era pródigo en nieve, pero el Ventoux presume de enfriar su testa y esparcir el polvo blanco por sus flancos altos durante ese período. La caminata entre el chalet Reynard y la cima era realizable, y preparados estábamos. Fue una delicia subir, correr, juguetear con la frialdad de la nieve retenida entre las brechas y en los bordes de la carretera. El viento mistral no estaba anunciado, pero el viento de las cumbres nos fue poniendo zancadillas a medida que avanzábamos. El viento se transformó en vendaval, nos acechaba escondido en su guarida invisible, y aún más alto, la borrasca se hizo sentir, furiosa, queriendo empujarnos al vacío. Y decididos a no dejarnos vencer por el viento, llegamos al puerto de las tempestades. Nos atrincheramos contra el muro que marca los 1830 metros de altura, nos dejamos abofetear por aquella borrasca intempestiva y sabiamente comenzamos el descenso, como colegiales regresando de un paseo escolar, silbando, para compararnos con el silbido del viento, y engañarlo. Al pie del monte, el aire frío era una medicina para los pulmones. Al regreso, el cielo de la Provenza nos regaló un crepúsculo como los que habitualmente regala a los visitantes de marca. ©cAc-2021