dimanche 30 novembre 2025

La vida húmeda en Feria del Libro Guadalajara 2025


 

Los escritores vuelven a sus refugios…

 


Mucho tendría que comentar sobre la provenzal Aix, vecina de la cosmopolita Marsella y a veinte minutos de Aviñón. Aristocrática, burguesa, cultural y estudiantil. Lugar de nacimiento y muerte de Cézanne, y arropada por la abrupta Sainte-Victoire. Aunque ha transcurrido una semana del terminado 3er Festival de Escritores Hispánicos (organizado por la asociación La Noria), es hoy, domingo novembrino, frío y salpicado de una llovizna húmeda, que la memoria me hace recordar los intensos cuatro días de actividades y que reviso ciertos apuntes tomados durante el evento. La infatigable Andrée Guigue nos unió amistosamente desde la llegada de los participantes. Volví a encontrar a mis coterráneos Mirka Reyes y Joel Franz Rosell, a Francisco Javier Pérez, a José Manuel Fajardo, a David Toscana y su compañera Sarah; y conocer ésta vez a Ernesto Pérez Zúñiga, a Blanca Riestra, a Ángel Morales y a Eduardo Uribe. España, México, Venezuela y Cuba en las seis mesas redondas a las que asistieron estudiantes de la facultad de Letras de la universidad y los miembros de la asociación. Guardo los apuntes de lo expresado por mis compañeros, como clases magistrales, que fuera sobre la necesaria traducción, por traductores o por nosotros mismos; o en la que intentamos descubrir para quiénes uno escribe, o bien la interesante mesa donde se abordó la relación y las influencias recíprocas entre la literatura francesa y la hispánica. Tema actual y que por su urgencia fue bien discutido, la literatura y el medio ambiente. También actual y controvertido, la inteligencia artificial (IA) generativa, de instrumento aceptable a competidor desleal, una mesa que permitió entender el equilibrio entre la herramienta que ayuda a crear, y que puede convertirse en una amenaza sutil. Y aunque somos grandes, casi viejos, escuchar a los autores de literatura infantil, nos llevó atrás, a cuando éramos niños, cuando cazábamos lagartos y mariposas en los patios y solares yermos que nos vieron crecer. Terminó el evento, y como mis compañeros, volví a mi refugio provenzal, satisfecho de lo que viví y de lo que aprendí. Gracias nuevamente, a Andrée Guigue, a La Noria y sus miembros, y también a los escritores invitados al festival. ©cAc-2025

vendredi 15 août 2025

Libro digital de la AALIJ en memoria a Luis Cabrera Delgado. Compilación de Marcelo Bianchi Bustos

 

En abril de este año 2025, falleció el escritor cubano Luis Cabrera Delgado. La Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil quiso rendir homenaje a Luis, y convocó a lectores, escritores, académicos y amigos a escribir ensayos, notas, textos poéticos y recuerdos sobre la vida del ilustre jarahuecano. Habiendo conocido y mantenido una cordial amistad con Luis, me uní a la petición de la dicha academia, cursada por su presidente, el Dr. Marcelo Bianchi Bustos, y le envié el texto que a continuación tengo el placer de compartir, y que aparece en la edición digital, tomo XXII “A Luis Cabrera Delgado in memoriam”.

 Recordando a Luis Cabrera Delgado

Corría el año 1976 cuando conocí a Luis Cabrera. Luis, con la frescura de sus 31 años, vestía la bata blanca de médico y yo, al igual que Efigenia y Enrietta, vestíamos el uniforme azul prusia y azul cielo de estudiantes de la Escuela Vocacional. Luis estaba en su consulta de psicólogo del Hospital Infantil de Santa Clara, y allí llegamos buscando a la madre de Efigenia, que dirigía un departamento administrativo del hospital. Elisa no tardó en presentar a Enrietta y a mí, al galeno que nos miraba sorprendido, cuando supo que estábamos escapados de la Escuela, y que habíamos llegado al hospital en la guagua que trasportaba a los estudiantes con turnos médicos por los hospitales y policlínicos de la ciudad. Luis se interesó por aquella escapada y nos hizo mil preguntas que nosotros respondimos con la inocencia de nuestros catorce años. Antes de salir de la consulta del psicólogo infantil, Elisa me puso un brazo sobre los hombros y le dijo a Luis “y a este Casanova, le gusta escribir”. Fue así como supo Luis que yo escribía. Tardamos un momento más en la consulta, Luis interesado en saber lo que yo escribía. Poesía, le dije, y me gusta también escribir composiciones, agregué. Las composiciones, que fueron el fuerte y mi predilección en los dos últimos años de la escuela primaria, me habían hecho ganar un concurso nacional convocado por el semanario “Pionero”, dos años antes. Todo aquello que le conté en un dos por tres a Luis, le interesó sobremanera. Aquella tarde me fui de la consulta con un “turno médico” que tendría lugar al cabo de dos semanas. Fue así como el Licenciado Luis Cabrera y yo, comenzamos una amistad que duraría años, interrumpida de cuando en cuando por mis frecuentes “huidas” o mudanzas fuera de Santa Clara.

Entre nuestro primer encuentro en 1976 y hasta 1978, año en el que dejé Santa Clara por La Habana, vi a Luis con frecuencia, unas veces en su consulta, otras en la biblioteca Martí. Leyó mis composiciones, mis poemas juveniles y aquellos que yo había clasificado como “poesía para niños”, y que no siempre fueron del gusto del psicólogo y escritor. “La poesía para niños no se te da bien, le falta suavidad, eres brusco, tienes que trabajarla mucho, leerla, releerla, y vestirla de pantalones cortos y trenzas”. Una sola poesía entre todas aquellas que llenaban una libreta escolar, le llamó la atención, y me sugirió trabajarla, “darle vueltas hasta el cansancio”. Luis era alguien que sabía criticar sin atropellos ni desprecios. Y su manera de enseñar, -creo que en esos encuentros siempre aprendí mucho-, me ayudó de cierta manera a tomarle gusto a la enseñanza.

En 1982, con veinte años cumplidos, y sin haber abandonado mi “oficio” de escribidor, volví a mi Santa Clara natal. Allí estaba Luis. Siempre humanista y mucho más que psicólogo. Y volvimos a encontrarnos. Para entonces, Santa Clara bullía, se sacudía un poco de su letargo de capital provincial, ciudad con vocación estudiantil y una energía juvenil que emanaba de su Universidad Central, ciudad llena de artistas y creadores. Yo comencé a asistir a los talleres literarios. Me viene a la memoria aquella mesa larga en un local que otrora fuera el Banco Núñez, en los bajos de la también desaparecida Cámara de Comercio. Recuerdo a Luis sentado en un extremo de la mesa, y recuerdo al también escritor santaclareño, Félix Luis Viera, y a Joel Franz Rosell, y a todas aquellas muchachas y muchachos que asistíamos a los talleres, para leer lo que escribíamos, para discutir, para criticar, unas veces con malas y otras con buenas intenciones. A Luis nunca le faltaron, con su manera suave y sabia de hablar, las buenas intenciones. Luis era un caballero con su arma presta a contribuir, la palabra. En los umbrales de la década del 1980, la actividad cultural en Santa Clara era inmensa. Luis presidía la Sección de Literatura de la Brigada Hermanos Saíz, a la que casi todos habíamos adherido, luego fue su vicepresidente en la provincia, y cuando posteriormente asumió la presidencia de la brigada, y que yo asumía un cargo, no recuerdo si Organización o Divulgación, o los dos en periodos diferentes, mantuve una estrecha relación con Luis.

Y fue a Luis Cabrera a quien me confié cuando pensé presentar un poema mío en el Encuentro de Talleres Literarios de 1985. Yo me había obsesionado con aquel poema que adolescente le había mostrado, y que él me sugirió que “trabajara”, que “le diera vueltas hasta el cansancio”. Parece que aquel poema quiso como un potro, cabalgar en busca de nuevos caminos, y cabalgando llegó al Encuentro Nacional, siempre con el visto bueno de mi amigo Luis Cabrera, Encuentro en el cual participó como jurado, junto a la ensayista y escritora Nidia Fajardo Ledea y otras figuras del mundo cultural y literario de la isla. El año 1985 fue un año golpeado por el huracán Kate, que con sus lluvias y vientos perturbó la realización del Encuentro. Mi memoria se opaca con el tiempo y veo a Luis en los trajines que conlleva un evento. Lo veo multiplicado, en La Habana, en Sagua la Grande visitando la casa del pintor cubano Wilfredo Lam junto con Nidia Fajardo y la profesora universitaria e investigadora Carmen Sotolongo Valiño; en los pasillos del Hotel Hanabanilla, en pleno Escambray donde debían reunirse todos los talleristas, y veo a todo ese grupo de consagrados, de profesores, de jóvenes creadores y gérmenes de escritores que irían siguiendo los pasos del psicólogo escritor, del periodista, del guionista radial, del editor, del laureado que siempre humilde subía en ascenso y entraba por la puerta grande de la literatura, y sobre todo por su rol y contribución a la transformación de la literatura juvenil cubana a partir de 1990.

Mis años habaneros en la segunda mitad de la década de 1980 y mi instalación definitiva en Europa a inicios de la década del 90 me alejaron de Santa Clara, pero a la cual volvía con cierta frecuencia desde La Habana, y espaciadamente cuando el Atlántico se puso de por medio entre el viejo continente y mi calurosa isla caribeña. Los encuentros con Luis se espaciaron, y el azar nos regalaba momentos ínfimos antes del comienzo de una presentación en el teatro, o las veces que nos tropezamos en la librería Pepe Medina en busca de alguna novedad, o publicaciones de la Editorial Capiro, de la cual fue editor.

Los últimos encuentros, cuando por casualidad pasaba yo frente a su casa en la calle Colón de Santa Clara, y con la velocidad de un relámpago nos dábamos nuevas de uno y del otro, Luis sentado en la puerta de su casa, acompañado de su compañero de muchos años, yo sin bajarme de la bicicleta. Nunca faltaba el espacio familiar, él evocaba a sus hijos, Ra y Sinuhe, yo le contaba de mis devaneos literarios primero arropado por el Sena y luego por el Mont Ventoux. La última vez que hablamos le dije, “te acuerdas Luis cuando escribiste en el periódico Vanguardia un artículo proponiendo cambiarle el nombre a la Sala Real del Teatro La Caridad y yo te expliqué mi desacuerdo, y te dije, ¿te imaginas si yo escribiera en mi blog un artículo proponiendo cambiarle el nombre a Jarahueca?”, y estalló en risa, y no se acordaba del susodicho artículo en el periódico provincial. Fue la última vez que nos vimos personalmente.

Luis sigue presente en mi biblioteca del sur de Francia, a donde me traje todos sus libros publicados por la Editorial Capiro en la década del 1990, y los publicados por Gente Nueva y Unión.

Luis estaba enfermo, nunca le pregunté al respecto, aunque sabía que su enfermedad era incurable. Las publicaciones en su página de Facebook eran como un anuncio de la vitalidad literaria de Luis. A los posts titulados Memorándum no presté mucha atención, pero las tribulaciones de Patria, Jarahueca y el futuro luminoso, así como Yoyito en la Red, eran como un saludo de Luis a todos los que lo conocimos, y una manera de decirnos que escribir es una enfermedad incurable, ajena a cualquier otra.

Foto de familia, la novela que publicó Letras Cubanas en el 2003, es el último libro que compré de Luis. Lo encontré hurgando en los anaqueles polvorientos de la Pepe Medina, mientras afuera el sol quemaba y un aguacero golpeaba los adoquines frente a la librería. No lo he leído, pero está ahí, esperando que lo haga, para entonces decirle a Luis, gracias, amigo y maestro.

Carlos Alberto Casanova (Santa Clara, Cuba, 1962). Profesor de Economía y de Historia mientras vivió en Cuba. Grado de doctor en Geografía, Urbanismo y Ordenamiento del territorio por la universidad Paris III-Sorbonne Nouvelle. Autor de varios cuadernos de poesía (Espacio para pensar en gris, Un hombre parecido al mañana (Ed. Dos Islas, 2022), entre otros. Autor igualmente de La vida húmeda (Primigenios, 2020), y Barrancos de Nostalgia, y Geografía íntima de un Trópico (Ceace, 2022 y 2024). Actualmente vive en el sur de Francia.

jeudi 6 mars 2025

Nota preliminar para una poesía intimista (por José Hugo Fernandez)

 


Serenos desgarros van marcando el tránsito de todas las piezas en “Mañana antes del alba”, un nuevo libro con el que Carlos Alberto Casanova persevera en su estilo de poetizar mediante descripciones sucintas de escenas, remembranzas, discurrimientos que en definitiva parecen destinados a prefigurar el paisaje interior del autor, en tanto versificador de emociones y estados del alma.

Desde tal presunción, podría afirmarse que el poemario procede como una especie de dietario. Pero su arquitectura descriptiva, más que para recrear los sitios y sucesos que rodean al poeta y en los que él fija la mirada, ha sido dispuesta en función del movimiento y de las evoluciones de su personalísimo yo interior. Yo sueño/cuando al pasar, miro alelado/ los tallos secos crujientes/ símbolos de un pasado que volverá /cada vez, pétalos blancos, radiantes. / Misterio de la simplicidad… Es la refrendación de una actitud anímica que, si bien nos da cuenta de lo transcurrido, lo hace sólo para refocilarse en el transcurrir mismo como objeto de experiencia sensible.

No en balde la melancolía es aquí una constante notoria. Sostiene la física interna del poemario, establece las reverberaciones tonales de cada composición, y aun de cada verso, determina la coherencia general afincada en el recurso de expresar mucho con pocas palabras. Dios me miraba/asustado por la ausencia/de ángeles sobre mi cuerpo… Es poesía intimista en la cual lo simbólico se anticipa a lo alegórico, mientras la elegancia señorea a través de imágenes tenues y despejadas.

Me parece obvio que aquí Carlos Alberto Casanova no pretende contar algo en concreto, o razonar en torno a temas que se conectan con las circunstancias de su vida actual o pasada. Sencillamente se detuvo al borde de sí mismo para observar cómo discurrían sus pulsiones internas. Sin buscar inferencias ni aleccionamientos. Sólo por dar cauce al fluir de sus nostalgias. Ello, más el acierto de conseguirlo mediante versos de refinada factura, pulcros, sutiles, a la vez que muy cuidadosamente elaborados, coronan la singularidad de “Mañana antes del alba”.   

José Hugo Fernández, Miami, enero de 2025.


Mañana antes del alba

¿Seguiremos esperando el amanecer detrás una ventana, mientras palpita la vida, calla la muerte, susurra la traición, se doblega al hierro, se amontona la esperanza, se secan los ríos, golpea con furia un viento triste, y tiembla el cielo escupiendo amarguras?

Mañana antes del alba, escribiré otra vez, mirando el sol levantarse detrás de los montes de Vaucluse, entre tanto, lo ya escrito, durante esa espera que regocija al alma, llena las hojas blancas a las que se llega entrando sin miedo por ese pórtico enladrillado… cAc-2025


mercredi 4 septembre 2024

Ma rentrée littéraire




Le mois d’Août vient de finir, caniculaire et sportif; septembre, également chaud, débute littéraire. KDP Amazon vient de publier « Demain avant l’aube », un recueil qui ressemble les poèmes écrits quand le jour se lève et l’aurore me pousse à scruter l’Est enveloppé de veines noirâtres bleus rose pâle mauve orange, la nuit fuyant vers d’autres contrées. Poésie intime, tendre, parfois mordant, écrite dans la solitude qui précède le levé du soleil.  Le recueil exprime les différentes pensées qui traversent l’esprit d’un être humain, annonçant l’envie de vivre, observant la nature, les animaux, entrelaçant les émotions et les sentiments, la peur, les songes, la mélancolie, l’amour, le temps, la mort inéluctable. La note préliminaire de mon premier livre en français a été écrite par un ami et compatriote, l’universitaire, écrivain et journaliste, Jacobo Machover.

Mi “rentrée” literaria

 

Agosto terminó deportivo y septiembre debuta literario. Amazon acaba de poner en venta “Demain avant l’aube”, un cuaderno que reúne poemas escritos cuando comienza a clarear y la aurora me empuja a mirar al Este envuelto en negriazules rosa viejo y malva naranja, la noche huyendo para dar paso al día. Poesía íntima, tierna, a veces mordaz, escrita durante ese momento solitario que antecede a la salida del sol. El poemario expresa los disímiles pensamientos que surcan el espíritu de un ser humano, anunciando el deseo de vivir, observando la naturaleza, los animales, entrelazando las emociones, los sentimientos, el miedo, los sueños, la melancolía, el amor, el tiempo, la muerte inevitable. A manera de preámbulo, una nota preliminar escrita gentilmente por un amigo y coterráneo, el escritor y periodista cubano, Jacobo Machover.

lundi 2 septembre 2024

L’ascension du Mont Ventoux. Objectif accompli

 




Pédaler, courir ou marcher pour arriver au sommet du Mont Ventoux c’est un projet personnel qui a besoin d’un entraînement persévérant. La façon d’arriver, et je ne parle pas des sentiers escarpés, les mêmes chemins raides parcourus par Pétrarque au XIVème siècle, mais par une des routes départementales qui donnent accès au sommet : la D974 depuis Malaucène (Ouest) ; la D974 depuis Bédoin (Sud) ainsi que la D164 depuis Sault (Est), cette dernière jusqu’au Chalet Reynard. Nous avons profité du chalet, du sommet et du venteux Col des Tempêtes à 1830 mètres d’altitude,  en février, en mai, en août ou bien en octobre, car chaque saison a son charme, et chaque visite au géant de Provence est une porte à la contemplation, accompagnés par la famille ou les amis (Nenita & Julio, Elizabeth & Kelvy, Yolanda & Vidal, Andra & Serban, Magali & Laurent, Arturo, Léster, Elie, David… en 2018 Elie et moi, nous avons fait la descente en vélo par la sinueuse D974 jusqu’à Malaucène. Le 8 juin dernier, nous avons parcouru les 20 km depuis Sault jusqu’au chalet Reynard en 3 heures 50 minutes. L’entraînement s’est relevé important. Hier, pendant l’événement Ventoux contre Cancer (VcC), les 194 marcheurs et coureurs sortîmes de l’hippodrome de Sault à 08h15 (les cyclistes sortirent quinze minutes avant nous), j’ai gagné une minute faisant les 20 km en 3 heures 49 minutes jusqu’au chalet. J’ai parcouru le tronçon le plus escarpé, celui qui montre la calvitie du mont, pendant 1 heure 27 minutes, et si j’en rajoute les 22 minutes entre le départ de l’hippodrome et le commencement de la D164, je totalise 5 heures 38 minutes en faisant l’ascension. VcC s’agit d’un défi individuel et d’une performance collective, il est également un événement sportif et caritatif, qui m’a permis de travailler comme bénévole pendant les 4ème et 5ème éditions, et obtenir cette année, ma médaille d’arrivant au sommet comme participant inscrit. Jusqu’au 19 juillet dernier, VcC avait collecté 108000 € pour les malades du cancer de la région. Je remercie à tous ceux qui en achetant mes livres, font parti de ma contribution à l’Institut Sainte Catherine pour des projets précis en recherche clinique et dans l’amélioration de la qualité de vie des patients. Ensemble contre le cancer !  cAc-2024



dimanche 1 septembre 2024

La ascensión del Mont Ventoux. Objetivo cumplido.




La ascensión del Mont Ventoux, que sea en bicicleta, corriendo o caminando, requiere de un entrenamiento, más o menos tenaz, según sea la forma de subirlo, y no digo por los senderos escarpados, los mismos que usara Petrarca en el siglo XIV, sino por cualquiera de las rutas departamentales que de manera sinuosa llegan a la cima: la D974 desde Malaucène (Oeste); la D974 desde Bédoin (Sur) y la D164 desde Sault (Este) hasta el Chalet Reynard. La más usada es la D164 que termina en el chalet, y se continúa a la cima por el tramo de la D974. El chalet y la cima, o el ventoso puerto de las Tempestades, en cualquiera de las cuatro estaciones, lo hemos disfrutado con familia y amigos, que me permito listar aquí: Nenita y Julio, Elizabeth y Kelvy, Yolanda y Vidal, Andra y Serban, Magali y Laurent, Arturo, Léster, Elie, David… y junto con Elie, hice el descenso en bicicleta por la torcida D974 hasta Malaucène. El pasado 8 de junio, caminar los 20 km desde donde comienza la D164 en Sault hasta el Chalet Reynard, nos llevó 3 horas 50 minutos, una bicoca, todavía en primavera. Fue útil e importante este entrenamiento. Ayer, en el marco del evento Ventoux contre Cancer (VcC), los 194 caminantes y corredores salimos del hipódromo de Sault, a las 08h15 de la mañana (los ciclistas salieron quince minutos antes), yo gané un minuto al hacer los 20 km en 3 horas 49 minutos hasta el chalet, y el tramo más escarpado, ese que da el toque calvo al Ventoux,  en 1 hora y 27 minutos, y si agrego los 22 minutos entre la salida y el inicio de la D164, cumplí mi objetivo de ascenso hasta la cima, y lo hice en 5 horas 38 minutos. VcC es un evento deportivo y caritativo, en el cual trabajé como benévolo en la 4ta y 5ta edición, y en esta 7ma edición, obtuve mi medalla al llegar a la cima como participante. Hasta el 19 de julio, VcC había recolectado para esta 7ma edición, 108 000 €, resultado colectivo y aporte significativo para la lucha contra el cáncer. Agradezco a aquellos que compran mis libros, y cuyo beneficio hace parte de mi contribución para sostener al Instituto Sainte Catherine de Avignon. cAc 2024.



AGRADECIMIENTOS en mayúscula y en plural.


Los años, el oficio, la cotidianidad y los días caniculares no permiten siempre estar al día y responder los comentarios que traen consigo las publicaciones en FB, y particularmente los comentarios que conciernen “Geografía íntima de un Trópico” y el cuarto libro de la serie Caminos en bicicleta, “Burgenstrasse, la ruta de los castillos”. Gracias por los deseos de éxitos, los abrazos virtuales, las felicitaciones, las felicidades, los saludos, las enhorabuenas, los bravos, los aplausos, los stickers, los me gusta, los yo adoro y las muestras de solidaridad. Gracias a todos, espero hayan pasado los meses de julio y agosto, tal como los proyectaron.


Geografía íntima de un Trópico (nota preliminar de Abel Germán)


Agradezco igualmente a Abel Germán, por el tiempo dedicado a leer mi libro y escribir la nota preliminar del mismo, “Doscientos cuarenta y seis días y sus noches: una historia verídica, bien contada”. Así comienza la nota preliminar:

«Geografía íntima de un trópico» se lee y relee como una confesión. Pero también como algo más. El epígrafe —es lo que sucede casi siempre con los epígrafes— es iluminador: «La santé est come la richesse, / il faut l’avoir dépensé pour l’apercevoir». Cuya traducción podría ser: La salud es como la riqueza. Tienes que haberla perdido para comprender su auténtico valor». O su variante quizá más conocida, el refrán «Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde». Su luz ilumina con nitidez lo que sigue, de modo que la sorpresa queda descartada. Tampoco se necesita. Aunque vale precisar que no se trata de un destripe al uso, sino simplemente de una mera pincelada orientativa. Aún más si se considera también el hecho no menor de que es una frase del suizo Nicolas Bouvier, que comparte con el autor la condición de escritor, gran viajero y fotógrafo. Porque nada en este conmovedor libro es gratuito.

Geografía íntima de un Trópico (nota de José Hugo)



Nota de José Hugo Fernández que aparece en la contraportada de “
Geografía íntima de un Trópico”, a quien agradezco por su gentileza de leer el libro y regalarme esa valoración tan especial:
 

Magnífico libro. Ese ir y venir atravesando el tiempo (sea el tiempo narrativo o el tiempo histórico), esas atinadas entradas y salidas en la historia personal y en general en la historia, me han traído a la memoria los magníficos artefactos sebaldianos. La estructura es afortunada, a caballo entre el dietario, la novela y lo que ahora llaman Autoficción, lo cual no es más que un nuevo nombre para un género antiquísimo. Es ese tipo de obra que, además de sobresalir por su buena escritura y por la riqueza de su contenido, poseen el extraño don de interesar a todo tipo de lector.


mercredi 21 février 2024

ALTOS TECHOS DE ASBESTO. Abel Germán. (Ed. Primigenios)

Levanto la cabeza y miro a lo alto, buscando una cubierta de amianto, y me topo con un techo altísimo de ese material, hoy en desuso. Sostenía el techo dos columnas envueltas en poesía. Y fui dando vuelta a las columnas, y fui subiendo, y subiendo hasta llegar al alto techo poético que nos regala Abel Germán y que publica la editorial miamense Primigenios. Primero leí Desde lo alto de la roca de Lèucade. Esa primera parte la leí de un tirón, y me energizó. La poesía es hermosamente brutal, toca, golpea sin agredir, abre los ojos a un muerto. Al siguiente día leí la segunda parte, Altos techos de asbesto. Todos los poemas marcan al lector. Es asomarse a un mundo que conocemos y por el que pasamos sin darle la relevancia poética a la que su autor nos acerca. Poco más podría decir, pero sería mejor, y los invito, a que se sumerjan en el prólogo de José Hugo Fernández, que es encomiable (Mágico pontón sobre el vacío). 

https://www.amazon.fr/Altos-techos-asbesto-Abel-German/dp/B0CQR7GW1M/ref=sr_1_6?__mk_fr_FR=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&crid=1JZTIPC0BCHT6&keywords=abel+german&qid=1704994930&s=books&sprefix=abel+german%2Cstripbooks%2C88&sr=1-6

Y los invito también, a leer el artículo homónimo de Odalys Interián, aparecido en la revista de poesía y letras, Lyrics & Poetry.

https://lyricsandpoetrymagazine.blogspot.com/2024/02/altos-techos-de-asbesto-de-abel-german.html?spref=fb&fbclid=IwAR3y0EJQZqQ2JApuskK4rpxQ7JkwyqTSnCiCtiNwkQitsX0YccdmbXkYA4k