samedi 26 novembre 2016

Las bici(ruedas) de Manuel Perdomo (suite del texto precedente)


Manuel Perdomo y el autor del artículo. 

Manuel, manual, artista artesano




Haría presume de un mercado umbroso en su Plaza, plaza que al anochecer enciende sus faroles y transporta lejos en el tiempo, muy atrás, cuando era calle y plaza rodeada de hermosas viviendas, y se llamaba entonces, Plaza León y Castillo. La brisa yendo y viniendo como los años, y el pueblo viendo crecer sus familias. Apenas comenzada la década del 40, y para ser precisos en el año 42, Haría vio nacer a un varón nombrado Manuel, arropado en hierro y fino serrín. Como una rueda, la vuelta se hace, y el tiempo fue rodando hasta nuestros días, y me permitió conocer al hombre que naciera moldeado por el hierro y la madera: Manuel Perdomo. Manuel se paseaba por el mercado acompañado de una bicicleta. Y no una bicicleta cualquiera. Como un tesoro listo para llevar a un museo, la bicicleta me guiñó un ojo farolado y me atrapó en las redes de la curiosidad. Primero me llamó la atención, la rueda trasera, de diámetro veinte y la minúscula rueda delantera. Luego comencé a devanarme los sesos ante aquel artefacto, pura bicicleta. Los elementos del cuadro, el sillín, el plato, en fin, todo el tren delantero, me parecieron, en lo personal, -que, aunque no conozco mucho de su anatomía, he visto y montado sinnúmero de bicicletas- algo salido de manos maderadas. La madera era el elemento que aportaba esplendor al biciclo. Y al siguiente sábado, bajo la sombra de la arbolada plaza me esperaba otra bicicleta para deleitarme en formas y ondulaciones que sobre el metal y la madera, puede el arte manual encapricharse. Caprichos de artesano que solo amor y trabajo pueden vencer. Una bicicleta de lujo que no nos permitiría andar y desandar caminos como nos lo permiten la gazelle y la gitane cuando con ellas atravesamos Alpes y Pirineos. Reservado y tímido, Manuel no cierra puertas a quien lo interpela, y aunque el tiempo me apremiaba, pudimos cruzar cuatro palabras y quedar para un encuentro. Fue así como pude respirar el olor del aceite y el serrín disputándose la supremacía de un atelier colmado de fresas, tornos, materiales por doquier, maderas crudas y maderas ya modeladas, artefactos, motores, ruedas, ruedas, y otras ruedas aún más imponentes, todas vivas, o esperando el momento de activarse para darle vueltas a la imaginación y el desenfreno, por manos bien dispuestas a recrear el arte de forjar, de carpintear, de amasar bujes y bielas, de combinar el hierro y la madera. El carpintero ebanista, tiene en su haber, trabajos que quedan para siempre y se visualizan cada día. La balaustrada de caoba del Cabildo de Lanzarote; la meticulosa imbricación de la carpintería interior del techo de la que fuera casa del alcalde López Fontes, -que albergaba, comenzando el siglo XX, el Archivo Municipal-, reconvertida en Museo de Arte Sacro. Lo viejo se redescubre nuevo entre las manos de este hombre madera obsesionado por las ruedas, y lo antiguo vuelve a tener vida, -ahora con una exquisitez en la profusión de maderas-, y da gusto aprender, volver a ver andando las carretillas de antaño e imaginar al guajiro canario alimentando de arena su parcela de volcánica tierra, a los estibadores en el lleva y trae de bultos traídos a los muelles isleños de allende los mares, o a los salineros de las Salinas del Río desplazarse con ellas entre los montículos de oro blanco fulgurante. Enteramente de su creación, la calesa construida por Manuel, hace doblemente elegantes las romerías conejeras. Y más aún, la bola canaria, -prima de la petanca del mediterráneo francés-, encontró en este gentilhombre, el otro padre de las impresionantes piezas redondas, que también como ruedas, ruedan en las tardes apacibles del isleño, llegada la hora del descanso.
Así como escasean el moral y el eucalipto, escasean hombres con la madera de Manuel, fieles a la tradición, al recuerdo imperecedero de una historia familiar. Sin embargo, el atelier, la savia escondida en las venas de las maderas esperando su hora de talla e incrustaciones, el aire enrarecido de serrín y el olor a hierro salido de la forja, tienen mucho Manuel como compañero de sueños y ruedas, que volteando hacen latir sus manos de minuciosos dedos. ©cAc-2016

En la página siguiente podrán apreciar la colección de ciclos de Manuel Perdomo.









































dimanche 23 octobre 2016

Eguzki, suerte de farol en el camino (Zeraín Cerámica)


A uno y otro lado de la carretera, las casas blancas, la piedra volcánica solidificando los ángulos de las piezas exteriores y la marquetería como el cielo profundo o la ilusión de un herbazal que no existe. Más allá de las casas blancas o de aquellas eternamente negras como la lava, montañas rojinegras con pendientes talladas de gargantas secas y arenosas. El rofe dueño y señor del silencio que impera en la comarca. Lagartos y lagartijas, se mueven con total tranquilidad, arrastrando el pesado fardo de sentirse propietarios de la tierra caliente y despoblada. La ermita siempre cerrada, mirando el océano desde su altura. Palmeras y cactus bien acomodados en la tierra-piedra negra y granulosa. En la avenida Acorán, un corazón verde incrustado sobre el inmaculado blanco de la fachada. Y para dar la bienvenida, un montón de corazones diseminados sobre la piedra negra hecha tapiz para los pasantes. La casa es el atelier de la ceramista Eguzkine Zeraín, artista vasca enamorada de las piedras y el sabor volcánico de la arcilla que trabajan sus manos. Honora al sol su nombre y su candidez envuelve a quienes se detienen atraídos por la curiosidad de las formas que imprimen los objetos. Instalaciones, vasos, tiestos, pequeños, medianos y grandes cuencos y escudillas, esmaltados con profusión de colores, salpicados de tintes nobles o réplicas de la lava esculpida con sabia maestría. Multitud de objetos moldeados y modelados con pasión. La pasión de dar luz a la arcilla, y color al blanco imponente de los muros. Al atardecer, “eguzki”(1) enrojece mientras desciende al mar, pero queda el atelier como un farol en el camino. © cAc-2016


 [1] Eguzki significa sol en lengua vasca.

samedi 22 octobre 2016

Islas y letras, diseminadas…

Confieso que no he dejado de escribir. Y no podría dejar de hacerlo, porque darle vueltas a un lápiz o teclear es como ayudarme a bombear sangre y oxígeno por el intrincado laberinto de venas. Ríos amables que no entorpecen la fluidez de mis pensamientos. Los pensamientos van y vienen, y me empujan a lanzarme a aguas de otras islas. Islas todas, alejadas de mi cuartel general, pero accesibles, y siempre inimaginables, desconcertantes, terrenalmente espirituales y largamente familiares. Vuelvo a mis andares retozando sobre el rofe y la lava, caminando por enrevesadas callejuelas que al anochecer dejan escurrir la sombra a medio paso de geishas apuradas, el shamisen bajo el brazo. Acantilados y montañas, cráteres vacíos esperando el salto desde el borde, templos que dejan correr diáfanas aguas por estrechas cañerías de bambú, y cementerios umbrosos donde nace el musgo y la calma agrieta los corazones. Sopla la brisa, y el viento, y la calima y el aleteo de una libélula dibuja adioses inesperados. Entonces pienso en ti, mi vieja isla, mi cuna bañada por la luna, acariciada por el sol, y me desenfreno corriendo por la más desamparada pared del risco. ©cAc-2016


samedi 14 novembre 2015

Vendredi soir, viernes 13…

El 13 es un número cargado de supersticiones. Subsiste en mucha gente miedo al 13, y también al viernes 13. Dos variantes del miedo y la superstición que quedan técnicamente clasificadas como fobias, dos tipos de fobia diferentes. El 13 puede ser fatal como largamente feliz. Siempre hay quien se lleva buenas sorpresas durante las super loterías de un viernes 13. Pero el viernes 13 de anoche, nos deja sorprendidos, choqueados, mudos ante la barbarie de quienes no aceptan la libertad de pensar, profesar y amar de la forma que se nos antoje. A pesar de las amenazas terroristas nos creíamos protegidos, envueltos en una enorme capa de seguridad. Y sin embargo, no era así. La seguridad es algo que puede hacernos sentir cómodos en el quehacer cotidiano en una gran ciudad como Paris. Pero la seguridad puede convertirse en sujeto frágil para nosotros todos cuando la mente torcida de individuos y grupos arde despiadadamente. El jueves visité el website de Paris Rando Vélo para mirar el itinerario propuesto para el pedaleo del viernes por la noche: “Double montée vers Montmartre”. Y me gustó la idea de disfrutar Paris desde la explanada del Sagrado Corazón. Salida del Ayuntamiento de Paris a las 10pm, y luego Etienne Marcel – Bourse – Sentier – Réaumur Sébastopol – Arts et Métiers – REPUBLIQUE – bordes del Canal Saint Martin – Colonel Fabien – Louis Blanc – La Chapelle – Barbès – Château Rouge – pedaleo por las calles y callejuelas de Montmartre para luego descender la cuesta hacia Abbesses – Pigalle – Blanche – tour al interior de mi barrio (Batignolles) – rue de Rome – Saint Lazare – Havre-Caumartin – Auber – Opèra – Place Vendôme – rue Saint Honoré – Louvre-Rivoli hasta el Sena y siguiendo la vía que bordea al río hasta llegar de nuevo al Ayuntamiento. 19 kilómetros de balada por Paris, siempre un recorrido diferente que me ha permitido conocer la ciudad, sus meandros y rincones secretos sin el menor temor. El viernes todo el día trabajé lo suficiente como para relajarme mental y corporalmente durante la noche. Pero me sentí incapaz de plegarme al deseo de bicicletear y decidí quedarme en casa. Regresar pasada la medianoche y levantarme al día siguiente para visitar Dourdan en el sur de Paris fue el auto-impedimento que me hizo vacilar. Y no me fui a dar pedal junto a viejos conocidos de la balada nocturna. Un amigo nuestro nos llamó para saber si estábamos en Paris, y si estábamos bien. Encendimos la televisión y vimos las imágenes de la carnicería, los estallidos, las llamadas suplicantes de alguien que salía por la puerta del fondo del Bataclán, las sirenas, las luces intermitentes, y de nuevo ráfagas y cuerpos y ambulancias y no pudimos impedirnos llorar pensando en todos esos inocentes abocados a la muerte, a las heridas, el choque psicológico, la angustia… la tristeza nos invade, la pena nos empuja a pensar a cada instante, pero no podemos dejar que nos arrebaten la tranquilidad y la libertad. Continuemos la vida, que sólo ella nos dará razón. 14 de noviembre del 2015. ©cAc-2015

mardi 10 novembre 2015

Dessiner l’Invisible



Primero fue la duda de si dibujar o diseñar. Le invisible me pareció como algo con forma y alma que vive entre nosotros sin que nos percatemos de su cercanía, o incluso, cuando nos rozamos en un pasillo oscuro, en un sendero húmedo o mirando la profundidad del cielo hasta donde la visibilidad de nuestros ojos lo permiten. Muchas veces despreciamos lo invisible. Por temores superfluos o por desprecio a lo desconocido. Luego me desconcertó la segunda duda, que me planteé como cuestión:  invisible o Invisible. La duda entre lo minúsculo y lo mayúsculo. Cerré los ojos para diseñar alguna cosa invisible y al abrirlos descubrí que ciertamente había dibujado un ser Invisible que se movía en lo más intrincado de mis pupilas. Así nació lo Invisible en mi fuero interior. Primo de mis temores y hermano de mi perseverancia. Aliado fiel al descender a las entrañas de la tierra, en Trabuc, en Abbesses o al bajar a la cava en busca de una botella de vino. Siempre espaldeado por lo invisible, o acompañado por la luz tamizada Invisible. Las dudas y el silencio de la mayúscula incorporada a lo invisible me prepararon para inventarme una nueva espiritualidad. Lo invisible puso en mis manos un billete para adentrarme en otra percepción. Viaje distante, viaje distinto, viaje a las fronteras de lo visible invisible. La lluvia novembrina de Paris no impidió que me lanzara en busca de ciertos trazos voces y luces convenientemente visibles al ojo humano, luces, voces y trazos colgados en los muros de la Galerie 24B, en las abovedadas criptas que fueran de la iglesia San Roque y en los inmaculados muros blancos de la Galerie Antonine Catzeflis de la rue Saint Roch. Curador de la exposición, Damien Macdonald nos acerca al pensamiento de lo Invisible que une a los cuarenta artistas contemporáneos que exponen y donde son visibles también obras de Marcel Duchamp, Max Ernst, Hans Bellmer y Pierre Klossowski. Les cuelgo aquellas que quedaron prendidas a mi pupila alerta en busca de lo invisible…lo que ven los ojos claros de Serena Carone “Ce que je vois” (2014), el “Camouflage” (2014) de Moonassi y el “Holes” (2011) de Caroline Corbasson, creyón sobre papel, un pozo de mil expresiones donde quise hundirme sin lograrlo, lo invisible era inalcanzable, cristal y marco de por medio. ©cAc-2015
Ce que je vois - Serena Carone 2014
Camouflage - Moonassi 2014
Holes - Caroline Corbasson 2011

dimanche 14 juin 2015

SANTA CLARA by cAc

Santa Clara es más que un paseo, un acorde en el hilo de nuestras vidas, que tocamos sin darnos cuenta, que amamos y mutilamos, sin decirlo, o a gritos como locos que la miran agarrados a una reja invisible, los ojos desbordados de amor por las diez letras que componen las dos palabras que arrastraremos por doquier. Se escaparán crónicas, otras quedarán olvidadas en el andén de un paradero, algunas serán el fruto de la imaginación, de proposiciones incluso de textos a dos manos cuando ellas quieran moldear lo que las mías no puedan teclear. Santa Clara revisitada desde la obscuridad amable de un granero en los confines de la Provenza será un paseo en el tiempo, una mirada atrás para recordar calles y muros con sus tristezas y alegrías, los inicios polvorientos, la hora de los adoquines, del desorden, de las ingratitudes y de las esperanzas que se forjan escudriñando el viaje lento de una hoja flotando en las aguas del Bélico…
Santa Clara vista por mí se deshoja como una página cAc y los invita a palear arena y piedra no solo al interior de sus dos modestos ríos, también buscando la sequedad de sus sabanas, la fertilidad de sus tierras en dirección de San Gil, el polvo del camino a Revacadero o la sombra  delgada que ofrecen los eucaliptus que cubren la Melchora y sus alrededores.
Santa Clara no desaparecerá de los Blogs I & II de cAc, pero el grueso de los textos propios a la ciudad de Marta, desde la misa fundacional hasta este siglo que trota como potro sin fatiga hacia esperanzas e incertidumbres, encontraron un hoyo fértil en www.santaclarabycac.blogspot.com Buena lectura a todos, quizás hermosos recuerdos para muchos, remembranzas tristes para otros y para los amantes del debate y la polémica, la polémica gentil, evidentemente, a todos, mi bienvenida cordial.

                                                                                              cAc, primavera del 2015

dimanche 6 avril 2014

Santa Clara, la de cada vez…

Pintura mural sobre una pared lateral del otrora Teatro Marti en calle Trista y carretera Central
Los tres últimos viajes que he hecho a Santa Clara, han sido cuando ya el año va proa a su final. El primero para cuidar y decir adiós para siempre a mi padre. El segundo, para casi acompañar hasta el final, a Hilda Velia. El último viaje, tormentoso a la llegada, lluvioso a la partida, soleado con aires fríos agradables pero que nunca llegaron a ser invierno. Yo diría un largo otoño con vacilaciones primaverales. Hojas que caían, el limonero y el higo retoñando, el mango florecido, las flores inundando el patio, faena de vientos adelantados, y vuelto a florecer para darme envidia cuando la parición sea una realidad y yo no esté a la sombra de la mata para saborear los mangos. Y en cada viaje, Santa Clara omnipresente. Puestas de sol que pueden dejar boquiabiertos a muchos, el Bélico buscando el norte, el parque viviendo el letargo provinciano, el Cubanicay queriendo estar limpio y la gente empecinada en ahogarlo con trastes y basuras. Santa Clara de mercados dominicales, de la Plaza Apolo con sus artesanos y la calle Villuendas inundada de jóvenes lumpen que quieren vivir del negocio sin doblar el lomo, de barrios que solo conocen sus habitantes, y de carretones tirados por caballos dejando su triste traza fecal que el viento se encargará de dispersar. Santa Clara de tardes amenizadas por la retreta instalada en la glorieta del parque, de nuevas rutas de guaguas haciendo competencia a los carretoneros y a los bicitaxis, reunidos en sus puntos de cabecera, discutiendo de todo y de nada, esperando, esperando, dando pedales hasta la zona hospitalaria o esperando al turista que prefiera ir a la plaza, a la otra, la que está en Virginia, en bici y no a pie. Santa Clara de eventos, de pelota, de tertulias y timbeques, de Mejunje teatro y danza hasta terminar como un trompo, y aquella de mediocridades, de falsas promesas, de noches de la buena suerte o noches marcadas por el brillo y las lentejuelas que esconden senos inflados por la silicona y nalgas postizas como ampollas protuberantes. Ah, Santa Clara!, cuánta cosa vista y cuánta cosa para contar a viva voz, o en pequeño comité. Santa Clara que te queremos, volvemos a la carga, para que sigas compartida entre todos. © cAc-2014