Volver a Les Cévennes quedó
dicho una víspera de Navidad cuando detrás de una ventana vidriada en lo alto
de Chambourigaud, la tarde languidecía mientras el sol se acostaba detrás del
Mont Lozère. Tonos violetas y rojo púrpura. Las ramas desnudas de los castaños
moribundos anunciando un invierno ya instalado en los parajes. La vieja granja
del siglo XVIII nos abrigaba, con sus paredes de piedras ancestrales y la
chimenea humeando día y noche. Volvimos a Les Cévennes tal como lo premeditamos
aquella tarde. No a la granja que se llega por un camino que fuera alud y
piedras pizarrosas. Volvimos a otra granja, una « mazade » en el
flanco de una colina en el perímetro valonado de Charnavas donde serpentea el
Cèze entre canjilones y rocas. Granjas diseminadas, caseríos minúsculos, monte,
castaños y pinares. Otra ventana vidriada. Esta vez, amanecer límpido, sol
primaveral bautizado de vientos helados y en lontananza, sobre un espolón
rocoso, el castillo de Cheylard. ©cAc-2019
La Catedral de Santiago en Šibeník (Croacia)
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Dicen que es sorprendente la catedral cuando se descubre desde el mar. Yo
la descubrí bajo una fina llovizna, yendo del fondo a su fachada principal.
A la...

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