Tanto física como política, la geografía fue una materia que me subyugó sobremanera, y mientras escribo este texto, recuerdo aquel Atlas impreso en la entonces República Democrática Alemana para los escolares cubanos, que se convirtió en un avión de papel con el que viajé medio mundo, unas veces solo, otras acompañados por condiscípulos que tenían el mismo interés mío como descubridores del planeta tierra, punteando con un dedo ríos y montañas. Y en cuanto a ríos, la maraña hidrográfica europea fue algo que siempre me llamó la atención desde muchacho. Menos muchacho, pero sintiéndome como tal, he podido dar rienda suelta a esa subyugación por los ríos, habiendo vivido a dos pasos del Sena y hoy viviendo pegado al Ródano. Hace dos meses atrás, pedaleé por los bordes del Mosa (Meuse en francés y Mass en alemán y en neerlandés) desde la ciudad de Verdun en Francia hasta Rotterdam en Holanda. Con anterioridad había pedaleado por toda la cuenca del Ródano, desde Ginebra en Suiza, hasta su desembocadura en el Mediterráneo; y antes de la aventura rodaniana, había hecho lo mismo por el Danubio, desde su nacimiento en Donaueschingen, en la Selva Negra alemana hasta Viena, la capital austriaca. Comienzo a desempolvar apuntes para sacar a la luz esos tres periplos, que se suman a la serie “Caminos en bicicleta”. Donau/Danubio será el primero de los tres cuadernos, en aparecer. 2026©carlosalbertocasanova
La Catedral de Santiago en Šibeník (Croacia)
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Dicen que es sorprendente la catedral cuando se descubre desde el mar. Yo
la descubrí bajo una fina llovizna, yendo del fondo a su fachada principal.
A la...


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