El viento sopló con fuerza toda la noche. Gemía y violentaba las contraventanas. Sacudía los muros y enviaba signos de guerra por entre las hendijas imaginarias del antiguo establo. Arañas corriendo a guarecerse del vendaval, lagartos estáticos disfrutando del pánico que crea un viento huracanado en medio de un paraje elegido como refugio y reposo. El viento agita los espíritus y crea una suerte de incertidumbre mientras dura la noche. Con las primeras luces del alba, vuelve la calma, y nace un día ideal para pintarlo en la memoria. ©cAc
La Catedral de Santiago en Šibeník (Croacia)
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Dicen que es sorprendente la catedral cuando se descubre desde el mar. Yo
la descubrí bajo una fina llovizna, yendo del fondo a su fachada principal.
A la...

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