Abel Germán
nos ofrece nuevamente un poemario que pronto estará conmigo y que leeré tranquilamente
mientras desayune un café amargo y dos rebanadas de pan de centeno untadas de
mantequilla y confitura de nectarine hecha en casa, nectarines que yo recojo en
frutales de Salvatierra. Mientras espero la llegada del libro, me permito darlo
a conocer a los amigos que entran en mi página y que saben que me gusta leer buena
poesía, y para dar una idea de la misma, comparto la nota que aparece en
Amazon, de la también poeta y editora de Dos Islas, Odalys Interián:
En el patíbulo
se desayuna como en casa parte de una perturbadora evidencia: el horror no
siempre irrumpe; a veces ya está ahí, incorporado a la costumbre, mientras la
vida continúa con la naturalidad de un desayuno. En este libro, Abel Germán
somete la realidad a una continua alteración de perspectiva. Árboles que hunden
sus ramas en la tierra y levantan sus raíces hacia el cielo, una muerte que
posee «la capacidad execrable de una sintaxis», un Titanic que reaparece en
cada travesía, Dios, el tiempo, el exilio, la identidad y la memoria forman
parte de un universo donde ninguna certeza permanece demasiado tiempo en su
sitio. La ironía y el
humor negro conviven aquí con una imaginación de extraordinaria potencia y con
una conciencia que interroga cuanto toca. Abel Germán piensa mediante imágenes,
pero sus imágenes no ilustran una idea: la provocan. De ahí la extrañeza de
estos poemas, su capacidad para abrir una fisura en lo cotidiano y hacer
visible lo que la costumbre había vuelto imperceptible. En el patíbulo
se desayuna como en casa es un libro incómodo, lúcido y profundamente humano,
escrito desde ese territorio en que la poesía vuelve a hacer del mundo un lugar
desconocido.
Prometo
entonces, hacer de la mesa donde desayuno, un territorio de lectura hermanado a
aquel donde fue escrito En el patíbulo se desayuna como en casa. (cAc-2026)
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