El mistral no fue piadoso durante toda la estancia de
nuestro amigo Léster en el sur francés. Si violento había sido mientras recorríamos
las calles de Arles, el pueblo provenzal del que se enamoró Van Gogh, y donde
se instalara el pintor en febrero de 1888, violento fue el viento que nos
acompañó durante la marcha que nos llevó del chalet Reynard al puerto (Col des
Tempêtes) de las tempestades, a 1830 metros de altura. Nieve endurecida y nieve
fresca. La silueta de los Alpes apenas visible, escondida detrás de una extensa
nube invernal, allá lejos, donde el mistral podía empujarlas y barrerlas de un soplo. ©cAc-2021
La Catedral de Santiago en Šibeník (Croacia)
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Dicen que es sorprendente la catedral cuando se descubre desde el mar. Yo
la descubrí bajo una fina llovizna, yendo del fondo a su fachada principal.
A la...

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